Rubiulimia y blancorexia
dos enfermedades crónicas, que comienzan cuando la persona
se cree lo que no es. Lo asume de tal forma que cambia la realidad de la
percepción de sí mismo, tanto física como intelectualmente.
Y aunque es un asunto muy serio, insertamos una faceta
cómica, para ilustrar esta metamorfosis.
Los chistes o cuentos desarrollan una historia breve que
termina inevitablemente con la ridiculización, ya sea de una raza, etnia,
persona, o asunto.
Asi sucede en la siguiente historia:
A dos seres que caminaban por un sendero los arrolló un
motociclista de esos que conducen sus máquinas todo terreno alocadamente.
Los protagonistas volaron por los aires y cayeron
desvanecidos. Tal fue el golpe que ambos perdieron la memoria.
Cuando despertaron, cubiertos de polvo y con varias heridas se miraron y preguntaron a
la vez: ¿Quién eres?¿Quien soy? Y juntos respondieron: “No lo sé”
Entonces se les
ocurrió una idea: tu me describes a mí primero, así se quien soy, luego yo lo
hago contigo.
-Está bien, empieza
tú.
-Tu eres pequeñito, bonito, con suaves plumitas y
amarillo-dorado. Tienes pico, alas y dos patas con largos dedos.
-¡Ya sé! ¡Soy un pollito!
-¿Y yo?
Bueno, tu caminas en dos patas, tienes brazos largos, medio
barrigón, tez oscura y pelos abundantes, negros, duros y parados.
-Pues mira, claro, soy un mejicano mojado.
No se pretende bajo ningún concepto ridiculizar a nadie, pero
si la historia no lo hace, no sería un chiste.
Y lo traemos a escena porque viene muy al caso en estos
días. Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos están por ocurrir y
hay un fenómeno que nos intriga. No por su peculiaridad sino por su expansión.
Son las enfermedades rubiulitmia y blancorexia.
Las padecen aquellos latinos que creen que el vivir en los
Estados Unidos los pone blancos tipo anglosajón, y rubios como los ingleses,
alemanes y otros nórdicos.
Olvidan su origen a tal punto que piensan que son parte de
la etnia dominante.
Se miran al espejo y no se ven como son. Algunos se afeitan
la cabeza o se cortan el pelo bien al ras. Otros se casan con rubias, creen que
hablan sin acento y usan vestimenta que los identifica con los blancos.
Se vuelven racistas, en contra de sus propios paisanos y
desprecian a los ilegales, olvidando que asi fue que ellos llegaron.
Sufren de rubiulitmia y blancorexia. Se miran al espejo y se
ven altos, de ojos celestes y cabello rubio. Si alguno como el pollito, se
atreve a describirlo, lo desprecian y le dicen: esto me pasa a mí por juntarme
con estos ilegales ignorantes.
No dejan que sus hijos hablen español, para que no se
contaminen, y se inmiscuyen en toda conversación donde haya blancos. Estos los
soportan unos minutos y luego se alejan de uno en uno, para no herir
suceptibilidades.
Amables son.
No es un fenómeno nuevo el olvidar para mimetizarse, antes
lo hicieron los italianos, los irlandeses y otros tantos. Los orientales no,
será por su cultura, mucho menos orgullosa que los latinos, o porque
mimetizarse les parece imposible. Aunque las mujeres se operan los ojos, y la
mayoría detesta el quemarse la piel con el sol, y permanence en la sombra.
Será por eso que es más difícil encontrarlos.
Pero no son estas enfermedades producto de las elecciones
presidenciales. Quienes las padecen caminan entre nosotros todo el tiempo. Se
les puede distiguir por su aire de superioridad. También, en ocasiones, les
preguntas si hablan español y te contestan con acento de “broken English”: -un
poquito.
Si los encuentras en tu camino, no los contradigas, se
pueden violentar
Tu amigo
REJA

No hay comentarios.:
Publicar un comentario